6/14/2007

El Orco -Pájaros negros-

Al principio su mundo tenía sentido: la nada lo llenaba todo y aquello era lo único que habitaba en lo más profundo de su ser. Luego vinieron las dudas; aparecieron una mañana gris, llovía un poco. Llegaron caminando sobre sus patas pequeñas, esquivando los charcos con cuidado, y se pararon frente al muro de piedra de la puerta. Su corazón dio un grito. Eran como pájaros negros. Ella los conocía, ya los había visto en una de sus viejas pesadillas.
Luego creció y algún tiempo más tarde, cuando dejó de verlos, aprendió lo que eran algunos sentimientos: el juego del amor, el color de la sangre, el fuego de la primavera, el frío de la muerte. Miraba al cielo y esperaba al otro, acariciaba los cuerpos de los caracoles y en los días de lluvia rasgaba su vestido azul y se tumbaba sola, sobre la hierba mojada. Así pasaba el tiempo.
Un día recuperó su vida y de su corazón surgió, vestido con la luz de aquella primavera, algo nuevo y perfecto. Era genial verla jugar con aquel sentimiento. Aquella vez yo tuve mi primera visión del paraíso. Pasamos unos meses en el valle. Recuerdo esas montañas y cómo nos besábamos entre nubes de nieve y regueros de agua. Luego vino el invierno y perdió su forma el tiempo. Las cosas se escondían. Ella lloraba cada tarde la pena de los días. Yo no sabía bien qué hacer, su piel perdió la luz y en su mirada la vida se le fue apagando. Se marchó un día de enero; era por la mañana, todo estaba lleno de escarcha y niebla; los pájaros habían regresado y ella se fue con ellos.

2 comentarios:

Francisco Flecha Andrés dijo...

Yo tambien he estado aquí. Compartiendo en un silencio cómplice tus palabras.

Cuando un bosque silencioso se imponga a la impudicia de los números del IBEX tal vez, entonce, al fin, otro mundo sea posible.
Salud

Francisco Flecha Andrés dijo...

Yo tambien he estado aquí. Compartiendo en un silencio cómplice tus palabras.

Cuando un bosque silencioso de palabras susurradas al oido se imponga a la impudicia de los números del IBEX tal vez, entonces, al fin, otro mundo sea posible.
Salud